En este artículo se presenta en primer lugar una reflexión sobre un hecho contradictorio respecto al valor social del vino en la actualidad. La mejoras cualitativas en los procesos de producción y distribución del vino no están significando un incremento en el consumo sino que más bien asistimos a un sostenido descenso. En segundo lugar, apoyándonos en la realidad de un nuevo consumo hedonista, se defiende la necesidad de que el vino emerja, pues es un artefacto cultural que posibilita de manera nítida la sociabilidad y la memoria colectiva, a partir de lo que aquí se llama «la magia de los 14°» y la eficacia comunitaria de lo que se puede llamar «el punto» o «el tono» en la ingesta. Se sugiere que entonces solo poniendo énfasis en esos valores patrimoniales del vino se podrá evitar su declive.