El artículo analiza unos establecimientos de restauración de Tenerife, en Islas Canarias, España, denominados “guachinches”, destacando su relevancia en la economía informal y su papel como elementos clave en la cultura y sociedad locales. Estos establecimientos, surgidos como espacios ocasionales para la venta de excedentes de vino y comida casera, se revelan como alternativas ante la globalización alimentaria, preservando costumbres culinarias y vitivinícolas autóctonas. A través de una metodología etnográfica exploramos cómo los guachinches se han moldeado históricamente desde la informalidad económica, en su lucha por mantenerse y hacerse valer frente a la fricción existente entre lo tradicional e informal y el campo de lo moderno y formal. En esa exploración se incide en cómo el marco legal actual no logra abarcar la totalidad de estos establecimientos, evidenciando una clara distinción entre los reconocidos legalmente y aquellos que operan al margen de la normativa. Pese a los retos normativos y económicos, los guachinches persisten como bastiones de la identidad tinerfeña, demostrando la importancia de la sostenibilidad social y ecológica, así como la conservación de los procesos agroalimentarios locales.